domingo, 8 de septiembre de 2024

Usumacinta

©Gertrude Duby

Del mismo modo que se desconocen los motivos que llevaron al colapso y la diáspora de los señoríos que florecieron durante un milenio en las tierras centrales mayas, es también una incógnita el origen del pueblo lacandón. Se piensa que estos últimos se asentaron sobre el territorio que se extiende hacia el sur del cauce alto del río Usumacinta entre los siglos XVII y XVIII. Etnia errante que finalmente encontró su lugar en lo profundo de la selva azul que separa los altos de Chiapas del altiplano guatemalteco, vestigio fantasmagórico de una cultura milenaria que se evapora como la niebla de los bosques bajo el rutilante sol de la mañana. Despojados de sus últimos espacios vitales desde hace más de cincuenta años, destruido su hábitat por la extracción indiscriminada de recursos y la usura de otros hombres, hoy no queda más que un sollozo de agonía. Pueblo oculto, guardián de métodos, quienes no te ignoran te recuerdan y respetan.  

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