domingo, 26 de febrero de 2023

Alegoría del Sol Cenit


En el Cusco de época anterior al proceso de extirpación de idolatrías se realizaban todos los años importantes ceremonias de adoración al Sol. Dos de ellas tenían lugar durante su paso por el cenit.


Se llama Sol-Cenit al momento en que el Sol transita sobre el paralelo de un lugar en el punto mas alto del cielo. Esto se observa en la ciudad de Quito durante los equinoccios de marzo y septiembre, pero no sucede durante las mismas fechas en Cusco debido a que la antigua capital del Tahuantinsuyu se ubica a 13° 30" de latitud sur respecto del ecuador terrestre. Por lo tanto los tránsitos cenitales se producen aquí los días 30 de octubre y 13 de febrero.

Estos son los únicos días del año en los cuales un objeto no produce sombra en el suelo, al mediodíaEl evento, que hoy en día suele pasar desapercibido, era sumamente importante durante la época incaica, cuyo máximo gobernante o Sapa Inca ostentaba el título de hijo del Sol, por lo tanto la acción de recibir los rayos de luz en el preciso momento en el que el astro se encuentra en lo mas alto de la bóveda celeste fue considerado un acontecimiento primordial desde el punto de vista cosmológico y político, pensamientos que no estaban disociados en la antigua sociedad andina, cuya estructura de poder regio dominaba los vínculos entre la tierra y el cielo.

El tránsito cenital se repite dos veces cada 365 días en toda el área ubicada entre los trópicos, y acontece solo una vez al llegar a ellos; entonces el sol se detiene (solsticio) en la curva que forma la “S” de su recorrido aparente (o eclíptica) para “regresar” lentamente al otro hemisferio. De este modo se produce el ciclo de las estaciones en ambas partes del globo.

Wak'a de Susurpuquio (Inkilltambo)
©DLeynaud


Conociendo la posición exacta durante las salidas y puestas en los solsticios de diciembre y junio (cuando el sol alcanza los trópicos), y mediante las observaciones del Sol-Cenit en los meses de octubre y febrero, los sabios andinos lograron ajustar un calendario de manera eficiente, que les sirvió como instrumento para organizar a los diversos grupos sociopolíticos tributarios y ordenar sus intereses productivos: optimizar el trabajo agrario, regular la irrigación de los campos, controlar la ganadería, el uso de los caminos y de la fuentes de agua; en fin, de todas las acciones humanas, incluyendo el almacenamiento de bienes y alimentos en los depósitos estatales (qolcas), los meses de descanso y el cobro de tributos en las diferentes regiones del extenso territorio que estaba bajo la administración del Cusco. Para todo hubo en el Peru antiguo un tiempo específico y programado.

Si bien la técnica que utilizaron para llevar la cuenta de los días continúa siendo una incógnita para nosotros, es factible proponer que los incas dividían el tiempo en meses lunares enmarcados dentro del año tropical solar. El calendario andino no fue descripto de manera clara por los cronistas, poseedores de una visión sesgada por los preceptos culturales europeos de la época y desconocedores de la astronomía, de tal forma que los datos presentados son confusos y contradictorios; como resultado de ello cualquier intento de reconstruir la mecánica del antiguo calendario concluye en una hipótesis. La situación es muy diferente comparada a la que encontramos en mesoamérica, donde las estructuras calendarias y su forma de medir el tiempo perduraron y continúan siendo utilizadas en el presente. Por cierto, no contamos tampoco con la valiosa ayuda de fuentes originales como los códices y las inscripciones jeroglíficas grabadas en estelas y paneles de piedra. La cultura andina alcanzó su cumbre siendo una civilización clasista y ágrafa, por lo tanto la mayor parte de sus conocimientos sucumbieron junto al poder que los centralizaba, amén de la labor realizada por voluntariosas manos evangelizadoras.

Sin eufemismos

La destrucción de ídolos, tejidos finos, momias, queros, khipus, vasijas y todo tipo de objeto considerado parafernalia utilizada en rituales idólatras fue una acción sistemática fomentada por la iglesia y los administradores de justicia virreinales, que apuntaba de modo específico a desarraigar el culto autóctono exterminándolo por la fuerza, haciendo desaparecer a la vez todo tipo de registro nemotécnico que de él se conservara en cualquier material de soporte. Con tal tenacidad funcionó la empresa que a inicios del siglo XVII existía en el Perú el cargo de instrucción denominado “Visitador de Idolatrías”. Esta continua persecución representó una pérdida irreparable en la herencia cultural de los pueblos andinos. La empresa evangelizadora fue uno de los títulos jurídicos de la conquista, que luego del sometimiento por las armas inició la colonización espiritual, actitud que con el correr del tiempo y por sus resultados ambiguos se endureció a extremos inquisitoriales.

Ceques, meses e hipótesis

Sin embargo, ha quedado documentada por el encomendero, funcionario virreinal y cronista al servicio de la extirpación cultural, Juan Polo de Ondegardo, una detallada relación de los ritos que se llevaban a cabo en las principales wakas (de entre las 328 que integraban el sistema de 41 ceques del valle de Cusco), en el que cada adoratorio tenía asignada una fecha determinada para los oficios. En la representación, hipotética, del calendario de ceques se le otorga a cada día un espacio dentro del año lunar sinódico (de 328 días), obteniendo de este modo 12 meses de duración desigual, más un 13avo mes llamado Aymurai Raymi, que estaba compuesto por los días vacantes (que no se contaban como laborables) y sucedía durante el período de ocultamiento de las Pléyades (37 días). Era el momento de descanso una vez finalizada la cosecha y el acopio de alimentos en los almacenes estatales. Dicho lapso completaba el año solar (328+37=365) y acontecía alrededor del mes de mayo. 

El Templo del Sol o Qoricancha

Mediciones realizadas in situ revelaron un interesante dato referido al 13avo mes del calendario: en el Templo del Sol, el más importante espacio ceremonial del Cusco, punto desde donde irradian la mayoría de los ceques hacia las diferentes direcciones del valle (algunos no parten del Qoricancha), el pasillo que separa los dos principales adoratorios (donde se encontraban las hornacinas decoradas de oro y telas finas, y el ídolo/bulto laminado de metal precioso descripto por los primeros españoles en ingresar al sitio), está orientado, observando hacia el este, en una alineación exacta con la primera aparición helíaca de las Pléyades (constelación llamada Qolca o Qoto en el Cusco) la madrugada del 25 de mayo sobre el horizonte que forman los cerros que rodean la ciudad. Esta primera aparición en el cielo del grupo estelar definiría las siguientes fechas del calendario andino: a) durante la luna llena mas próxima se realizaba la gran celebración del mes (nótese su coincidencia temporal con el actual Qoyllur Riti); b) desde la luna nueva previa a ésta y hasta la de mediados de junio era el "mes" de descanso, en el cual se realizaba la reunión de las comunidades; c) Durante la luna nueva posterior, de mediados de junio en adelante, se iniciaba un nuevo año con la celebración de Inti Raymi y el solsticio. Los ciclos lunares y la posición de ciertas constelaciones eran determinantes en la partición de los meses dentro del calendario andino, en este caso para el cierre del ciclo productivo y el inicio de un nuevo año.

Los textiles como soporte ideológico 

Algunas crónicas hispanas nos informan de las túnicas o uncus que vestía el Inca durante los fastos, y de los diseños de las telas que lucían los integrantes de su corte, en los que se observaban motivos específicos para cada uno de los meses del año. Por otra parte, en la costa central del Perú, se halló evidencia material del registro calendario en textiles arqueológicos pertenecientes a la cultura Nasca, una sociedad muy anterior a la Inca, en cuyas telas bordadas aparecen representaciones que indicarían ciclos solares anuales. Otro magnífico textil, hallado en Chuquibamba, Arequipa, es un uncu que parece representar un ciclo solar completo de 365 días.Todo esto forma parte de un reducido corpus material en el que subyacen los fundamentos epistemológicos del cosmos indígena.


Textil Chuquibamba
                                                    
Ritos al Sol

Los actos de adoración, festejo y regocijo del Inca y de sus súbditos en la llaqta del Cusco durante estos días tan peculiares de tránsito cenital se debían, precisamente, al hecho de que el Sol "bajaba" a “sentarse” de lleno, con toda su luz, sobre los asientos tallados en la piedra de las wakas y transitaba sobre las magníficas columnas o mojones -llamadas sukankas- colocados en la cima de los cerros de los alrededores de la ciudad, o sirviendo la propia cima como marcador naturalUn magnífico acontecimiento, sin lugar a duda.

El momento de “asiento del Sol" tenía, ademas, un componente primordial: prefigura el inicio de la sumamente esperada y bendecida temporada de lluvias, que se manifiesta a partir del mes de noviembre en la región Cusco, y que finaliza en marzo, siendo por lo tanto una fecha clave para verificar el calendario agrícola

La observación de amaneceres y puestas durante estos días sirvieron al Inca para calcular, también, el momento análogo en el que el sol alcanza el Nadir, es decir: cuando llega a su punto más elevado pero en el lado opuesto de la tierra. Si bien no tenemos certeza de que los antiguos observadores del cielo imaginaran este concepto tal cual lo interpretan los astrónomos modernos es exacta la utilización de estas últimas dos fechas para realizar importantes rituales relacionados con la actividad productiva. El Nadir ocurre durante la noche del 26 de abril (fecha de celebración de la cosecha grande) y del 18 de agosto (día en que se abre ritualmente la tierra, en la temporada seca). 

Addenda

En el marco de su registro solar anual los incas incluyeron seis principales observaciones del horizonte: dos de ellas se realizaban durante los solsticios -una durante la salida del sol el 21/12, desde Puquincancha con dirección visual hacia Quispicancha (Tipón), y otra en su puesta el 21/6, desde Manturcalla (Templo de La Luna) con dirección al cerro Quiancalla; dos en los amaneceres de los días en que el astro pasa por el cenit (30/10 y 13/2) desde el cerro Picchu en dirección al nevado Ausangate, y dos puestas de sol en el atardecer de los días que se ubican en una fecha intermedia entre cada paso cenital, pero con dirección de observación opuesta a la de estos eventos, que es precisamente cuando el sol pasa por el Nadir.

Fuentes: “El calendario Inca. Tiempo y espacio en la organización ritual del Cusco”, Zuidema, Tom, Fondo Editorial de la P.U.C. del Perú; “La civilización Inca del Cusco”, Zuidema, Tom, Ceques Editores; “El espacio sagrado de los Incas. El sistema de Ceques del Cusco”, Bauer, Brian, Editorial Centro Bartolomé de las Casas; "El Cosmos Andino", Gary Urton, Ediciones El Lector; "Astronomía Inka", Erwin Salazar Garcés, Editorial Museo Andrés del Castillo; “Historia del Tahuantinsuyu”, Rostworowski de Diez Canseco, Maria, Instituto de Estudios Peruanos; “Los mitos y sus tiempos”, Luis Millones y Alfredo Lopez Austin, Editorial Era; “Observadores del Cielo”, Anthony F. Aveni, Editorial Fondo de Cultura Económica.