domingo, 25 de mayo de 2025

El alimento de las wakas


De acuerdo al manuscrito quechua recopilado a comienzos del siglo XVII por los informantes indígenas del clérigo Francisco de Ávila en Huarochirí, provincia de la región centro este del Perú, traducido y publicado en 1966 por José María Arguedas en su libro "Mitos y Hombres de Huarochirí", Pariacaca, divinidad de la sierra, luchó contra Huallallo Carhuancho, dios de la región costera. En la contienda final el costero se transformó en fuego para quemar a su oponente y de esa forma intentar vencerlo, pero Pariacaca se transformó al mismo tiempo en lluvia y de éste modo lo anegó, formando la laguna de Mullucocha. Su nombre alude a "mullu", una concha marina de tonalidad purpúrea. En el interior de la laguna quedó sumergido el dios derrotado, cuyo santuario permanece como un fuego latente. El mito expresa un sutil juego metafórico, muy común en la semántica andina, que funde elementos opuestos pero complementarios: una concha fría y acuática y el color rojo relacionado con el fuego y el calor.

                                                                             

Waka junto a un cauce de agua en el Cusco
©DLeynaud


Esta concha de bivalvo marino, conocido también con el nombre de spondylus, se encuentra presente desde época ancestral en infinidad de sociedades del continente americano, que la utilizaron como ornamento de prestigio en collares y pectorales, o de manera simbólica en entierros y ofrendas relacionadas con la fertilidad, sin embargo fue en el antiguo Perú donde alcanzó a ser sacralizada en espacios que solo compartió con deidades como el Sol y la Luna.

                                                                        

Spondylus ©MCAP

Su método de recolección en aguas cálidas del Océano Pacífico es sumamente interesante, habiendo desarrollado los pueblos costeros que lo realizaban técnicas de buceo audaces apoyadas con elementos muy simples: pesas atadas a largas cuerdas para facilitar la inmersión, espátulas de piedra, o en el mejor de los casos de bronce, para poder extraerlas cuando se encontraban adheridas a una roca y canastos de fibra vegetal para recolectarlas de los arrecifes o directamente del lecho marino a una profundidad, promedio, de 15 metros.   

La biología nos indica que el spondylus vive y se reproduce en las aguas cálidas a una temperatura de 28°, por lo tanto en la costa sudamericana bañada por la corriente fría de Humboldt (18,2° en promedio) se lo encuentra recién al norte de los manglares de Mantas. El organismo posee una característica muy interesante, que resultó ser relevante para las culturas agrarias del antiguo Perú: es un bioindicador preciso de la temperatura. ¿Por qué era tan útil a la agricultura este conocimiento? La característica inicial del proceso climático conocido como fenómeno de "El Niño" es un recalentamiento de las aguas del Pacífico que se produce cíclicamente, elevando la temperatura de las corrientes marinas. Cuando esto sucede el spondylus registra la oscilación térmica y sus colonias aparecen en zonas mucho más al sur que lo habitual, llegando a ubicarse incluso en las cercanías de la península de El Callao. 

Su veloz capacidad de desplazamiento significó para los antiguos pueblos peruanos una certera y clara predicción climática, una advertencia de que en forma inminente se producirían lluvias extremas o terribles sequías, eventos ambos de consecuencia catastrófica para las actividades agrícolas, tanto de los habitantes costeños como del área andina. El conocimiento de aquel indicador les permitió tomar medidas preventivas y elevó superlativamente el estatus del molusco, relacionándolo con las deidades de la lluvia, con la fertilidad y otorgándole la condición de oráculo. Su representación aparece en el registro iconográfico de sociedades muy tempranas, alcanzando un punto de abundante expresividad (sobre todo tipo de soportes materiales: vasijas, recipientes, vasos, etc.) durante el auge Moche.

                                                                          
Figurilla de camélido ofrendada en la cima del volcán Llullaillaco (6439 m) Salta, República Argentina ©MAAM

Pero fueron los Incas los encargados de llevar el Spondylus a espacios nunca antes imaginados, como ser la cima de las montañas más altas de la cordillera de Los Andes, donde fueron depositadas, en el contexto de importantes ceremonias cargadas de simbolismo, illas y conopas (talismanes con forma de pequeñas llamas), así como pequeñas estatuillas antropomorfas confeccionadas en este material. Sabemos también, por el relato de los primeros cronistas, que los Incas sacralizaban las lagunas del altiplano arrojando polvo de spondylus en ellas, y que todas las wakas del Cusco fueron alimentadas materialmente con las valvas rojizas del divino Mullu.