domingo, 1 de enero de 2023

Los pueblos de barro


I. Mesoamérica

El surgir de la técnica del barro se encuentra estrechamente relacionado con el inicio de la agricultura y el asentamiento de los grupos humanos en poblaciones estables. Al comienzo las piezas elaboradas en arcilla fueron utensilios simples pero conjuntamente con el desarrollo cultural de los pueblos que las producían se fueron perfeccionando hasta alcanzar un gran refinamiento, logrando representar en ellas su original concepción del cosmos.         

Detalle de una vasija-esfinge zapoteca ©DLeynaud
Colección Museo Amparo, Puebla, México 
 

Una evolución histórica

Desde comienzos del holoceno -hace unos 9000 años- como consecuencia de los notables cambios geológicos ocurridos en la era pos glaciar, los grupos humanos preexistentes de recolectores, cazadores y pescadores que habitaban el continente americano enfrentaron una drástica alteración en sus hábitos de subsistencia. Esto fue producto de una merma sustancial en la disponibilidad de frutos comestibles en los bosques y la reducción, e incluso extinción, de las hasta entonces abundantes manadas que componían su principal fuente nutricional. Los mencionados cambios se evidencian en el notable incremento de la temperatura global y el nivel de los océanos, así como por un intenso y prolongado período de actividad volcánica (de aproximadamente dos milenios de duración), que produjo grandes alteraciones orográficas y atmosféricas, cuyo epicentro estuvo en las diversas zonas del planeta conocidas como cinturones de fuego. En América Central dicha actividad se produjo de manera particularmente intensa en el área adyacente al Cordón neovolcánico transversal de México, la Sierra Madre de Guatemala y el Arco volcánico centroamericano. Debido a su incidencia sobre las principales cuencas hídricas y lacustres de la región que hoy llamamos mesoamérica, dichos eventos motivaron que el espacio vital que habitaban aquellos grupos seminómadas se viera profundamente afectado. Sin embargo, los humanos no cesaron de migrar en búsqueda de zonas favorables para la supervivencia, efectuando asentamientos temporales durante los que experimentaron cultivos que, aunque muy elementales, propiciaron la dispersión de diversas especies generando lentamente su adaptación a nuevos territorios. Las novedosas condiciones climáticas y de composición química de los suelos alteraron el desarrollo de las variedades transplantadas y comenzó a gestarse en ellas una transición genética, que se completará siglos mas tarde a través de mecanismos de adaptación dirigidos por la mano del hombre, que en el afán de obtener rasgos apetecibles para su consumo alimenticio, seleccionó semillas, acondicionó sementeras y cuidó de los brotes, logrando con el paso del tiempo la domesticación de diversas especies.


El hombre logró la reproducción de gran cantidad de plantas de acuerdo a sus necesidades y en condiciones adaptadas por sus manos, especies que no hubieran logrado sobrevivir ni regenerarse por sí mismas sin aquella intervención.


Dicha evolución histórica, que no fue inmediata, se llamó agricultura y trajo emparentada una serie de avances tecnológicos notables, expresados principalmente en la invención de elementos para laborar la tierra, artefactos de pedernal y una gama de utensilios de arcilla para el uso cotidiano que beneficiaron la distribución y la economía de los alimentos; comienza entonces la organización de los primeros poblados y se observa un sostenido incremento demográfico. Se empieza a configurar un orden colectivo que, con el devenir de los siglos, culminaría en las grandes civilizaciones surgidas en la antigüedad. Mesoamérica fue una de las dos grandes áreas culturales del continente americano, la otra fue la región Andina, y en ambas el proceso civilizatorio floreció de manera original, es decir con medios exentos de cualquier influencia cultural foránea.


El significado de "área cultural"   

Cuando hablamos de "mesoamérica" nos referimos a un concepto propuesto por Paul Kirchhoff a mediados del siglo XX, que si bien llevó a replanteos y modificaciones posteriores continúa siendo útil para describir una gran área cultural, sumamente contrastada por la diversidad de ecosistemas que la comprendía y cuyo límite territorial sufrió algunas variaciones a través del tiempo, pero que puede ser delimitado entre el trópico de Cáncer al norte y los lagos de Nicaragua al sur. Los diversos grupos étnicos que poblaron esta extensa región llegaron para asentarse en ella en diferentes épocas y hablaban decenas de lenguas distintas pero, sin embargo, lograron entablar una estrecha relación entre sí mediante una entramada y compleja red de intercambios. Los principales rasgos comunes dentro de la larga lista compartida por estos pueblos fueron, además de la elaboración de objetos cerámicos, la utilización de un calendario, el cultivo de la milpa y el proceso de nixtamalización del maíz.

Sin embargo, muchos años antes de la definición propuesta por Paul Kirchhoff, y como un primer antecedente, el dominico fray Bartolomé de Las Casas notó, durante su estancia como obispo de Chiapa y Guatemala (1544), que había entre todos los pueblos de la región una gran similitud de costumbres: "Toda esta tierra (Guatemala), con la que propiamente se dice de la Nueva España, debía tener una religión y una manera de dioses, poco más o menos común, extendiéndose hasta las provincias de Nicaragua y Honduras, y volviendo hasta la de Xalisco, y que llegaba según creo hasta las provincias de Colima y Michoacán". Así lo expresó demostrando un agudo sentido de observación, orientado particularmente al aspecto religioso de los grupos humanos.  

                                                                         
Mesoamerica ©wiki

Como punto de partida configurativo de mesoamérica debemos ubicarnos en el inicio del período histórico conocido como formativo temprano (2500 a.C.). A partir de entonces se establecen las primeras poblaciones, los productos agrícolas pasan a ser el sustento primordial de la alimentación comunitaria y se confeccionan objetos en barro y otras tecnologías. Se establece una comunidad compleja cuyo gobernante es un individuo de alto prestigio dentro del grupo social. Mesoamerica concluye su desarrollo cultural independiente cuatro mil años mas tarde luego de una enorme evolución y con la llegada de los europeos, momento en que se pone fin a su autonomía.


El sistema de "milpa", factor cohesivo del grupo social        

La milpa es un sistema agrícola poliproductivo que incluye a gran cantidad de las especies vegetales domesticadas por el hombre, entre las que se encuentran la calabaza, el tomate, el maíz, el chile, el guaje y el frijol, y cuya asociación dentro del espacio de cultivo resulta beneficiosa para el desarrollo de todo el conjunto. Se indica que los antiguos agricultores mesoamericanos lograron, en el transcurso de varios milenios, domesticar con fines alimenticios mas de un centenar de especies. El sistema de milpa se nutría principalmente de agua de temporal (por régimen de lluvias) en prácticamente toda el área ubicada al sur del trópico de Cáncer, haciendo uso de las posibilidades de regadío por medio de canales de distribución (o apantles) en las zonas donde existían recursos hídricos que lo permitieran, así como de los humedales o bajos. Por su parte las chinampas y los campos drenados fueron también importantes métodos de acondicionamiento de los terrenos de cultivo. El sistema de milpa aprovecha, además, a toda la variedad de plantas que brotan de manera silvestre en el entorno de intervención, conocidas con el nombre de quelites, entre las que se hallan las verdolagas, los berros, el epazote, el amaranto silvestre o quintonil, las chías, el huauzontle, los nabos, los romeritos y la hierbamora, e incorpora a los árboles y arbustos autóctonos de cada región como proveedores de fibras, semillas y frutos, así como a las agaváceas (magueyes y nopales). Es importante añadir que además de la milpa en mesoamérica se desarrollaban otros tipos de intervenciones agrícolas, siendo pertinente mencionar a los huertos de cercanía de las viviendas (que involucraban diversas especies de plantas y de animales para consumo doméstico) y a los terrenos de monocultivo (que por lo general se encontraban alejados de los poblados y eran intervenidos mediante trabajo comunitario o tequio), entre estos últimos se encuentran los campos de maguey y los plantíos de especies perennes como el cacao (árbol que no es originario de mesoamérica pero que se cultivaba en la región), el aguacate, los nogales, la ciruela y una gran variedad de especies frutales de zonas cálidas, como la guayaba, las anonas, los nanches, el zapote negro, el chilacayote, el xoconostle, el mamey, etc...       


Volviendo al inicio de la experiencia agrícola

Los pueblos enraízan muy profundamente su vida a la tierra, comienzan a desarrollar una serie de estrategias para resguardar los espacios productivos (que se convierten desde entonces en la base de su sustento material) y a elaborar eficientes tecnologías. Surge también en aquel momento el culto a lo femenino y se entabla una profunda relación espiritual con los ciclos generativos: la fertilidad, la vida y la muerte. Aparecen las primeras representaciones antropomorfas, en pequeñas piezas de cerámica, de figuras humanas cargadas con un enorme simbolismo de dualidad.


Figura femenina, Tlatilco, México
1000 a.c. (col. Museo Amparo)


Del utensilio al objeto complejo

Los primeros objetos confeccionados en barro fueron recipientes simples pero funcionales a las necesidades básicas del hombre, como los tecomates (jícaras) y los cajetes (cuencos). Esta innovación propició una óptima distribución de los alimentos a nivel comunitario y generó la posibilidad, mediante la utilización de vasijas mas grandes, de reservar el excedente de las cosechas y conservarlo por largo tiempo. El paulatino perfeccionamiento de los objetos de barro gracias al desarrollo de la técnica cerámica significó un paso muy importante en la calidad de los productos, así como una evolución superlativa para la producción alimenticia ya que a partir de esta importantísima innovación se pudieron cocer los alimentos sobre el fuego en ollas que resistían una prolongada exposición al calor.


Tecomate ©MNA
                                                                             

Técnica 

Moldear una vasija con barro puede parecernos a simple vista una tarea sencilla, no obstante hay un largo y engorroso proceso de fabricación detrás. El conocimiento que debió poseer un alfarero es muy amplio e incluye, en primer lugar, la búsqueda de los bancos de arcilla o barro con la calidad necesaria para producir la mejor cerámica; posteriormente a la obtención de la materia prima es indispensable saber mezclar los diferentes tipos de elementos en las cantidades correctas para lograr una masa dúctil, capaz de producir un objeto resistente y que no se quiebre durante el secado, controlar la temperatura del fuego en un horno construido al ras del suelo cuya tapa estaba hecha con tepalcates (fragmentos de cerámicas quebradas), y finalmente "curar" el material terminado. Fue por lo tanto una tecnología compleja y difícil, que como todo conocimiento humano mejoró con el transcurso de los años y la experiencia.


Plato de barro, Tikal, Guatemala
©Justin Kerr


Con el correr de los siglos la cerámica se transformó en un arte complejo y hubo pueblos que se destacaron sobre el resto por su habilidad en la elaboración de piezas de altísima calidad, para uso exclusivo de la elite y en restringido contexto ceremonial. Un ejemplo de esto son las Vasijas-esfinge zapotecas, producidas en los valles centrales de Oaxaca por artistas expertos y que fueron objetos sacralizados cuya función era netamente simbólica y ritual.

                                                                             

Vasija esfinge, valle central de Oaxaca
Colección Museo Amparo

Las vasijas-esfinge

Se han publicado numerosos estudios sobre las urnas zapotecas desde principios del siglo XX, pero, a la fecha, existe poco consenso sobre el simbolismo de las efigies y la manera en que se relacionaban con las antiguas religiones y ritos. Las primeras interpretaciones (Caso y Bernal) adoptaron la tesis de que las efigies representaban dioses. Joyce Marcus rompe este paradigma al cuestionar la existencia de deidades entre los antiguos zapotecas y sostener que las efigies representaban a los ancestros reales, ataviados en trajes sobrenaturales. Las investigaciones actuales demuestran una correlación entre la lista de nombres de las entidades del calendario zapoteca y los trajes y máscaras portados por las figuras que se muestran en las urnas (Sellen). Las series de deidades patronas desempeñan un papel central en las religiones y ritos calendarios mesoamericanos y están vinculadas de manera fehaciente con el cálculo y la adivinación del tiempo. Según Adam T. Sellen las vasijas esfinge zapotecas representan ancestros que están personificando a las deidades representadas en el antiguo calendario.


Las vasijas silbadoras

Las vasijas silbadoras son un tipo muy especial de instrumento musical característico de las culturas prehispánicas del continente americano, sobre todo del área Andina que fue donde se halló la mayor cantidad de estos objetos. Su singularidad radica en la forma de producir sonido a partir de un impulso hidráulico y a través de un mecanismo que no es visible desde el exterior de la vasija. Estos sofisticados instrumentos aerófonos aparecen en el registro arqueológico de mesoamérica hacia el preclásico medio, principalmente en el área central, la región de Oaxaca y la zona Maya. Son abundantes en sudamérica y como ejemplo sobresalen las producidas por la cultura Moche. 


Vasija silbadora, Tlatilco (hacia el 1000a.c.)
Colección Museo Amparo 

Los silbatos mexicas

Son pequeños instrumentos de cerámica que reproducen un sonido onomatopéyico similar al de algunos animales o al silbido del viento. Existen infinidad de silbatos de diferentes texturas sonoras y debieron ser utilizados profusamente en las celebraciones ya que se los encontró en innumerables ofrendas, tanto enteros como partidos ritualmente. A algunos de ellos se los ha llamado "silbatos de la muerte" por poseer un rostro decorativo de calavera (aunque hay otros con forma de tecolote o búho) y que según la crónica de fray Bernardino de Sahagún "eran de mal agüero porque su sonido aterrorizaba y hasta anunciaba la muerte de alguien...". 

Aerófonos ©MNA

Por otra parte, un par de silbatos con rostro de calavera se han rescatado de las manos de un sacrificado en un enterramiento en el templo de Ehecatl-Quetzalcoatl, en Tlatelolco (Ciudad de México). Se ha asociado su particular sonido al del viento y las corrientes de aire, a las que Ehecatl representaba. Un dato curioso es que ni en Tlatelolco ni en su hermana gemela Tenochtitlan hubo bancos de barro ni madera para hornear objetos de cerámica, por lo tanto la procedencia de estas y muchas otras piezas de la cultura mexica es foránea.


La cerámica de la antigüedad no era un objeto ornamental

Para las elites de las altas culturas del pasado -en cuyos centros de poder o ciudades un grupo de artesanos especializados, a veces llegados de los puntos más distantes de la tierra conquistada, elaboraban en cerámica artefactos cargados de profundo simbolismo-, estos objetos no representaron "lujo" tal y como se entiende en la actualidad. Fueron piezas sacralizadas, cargadas de misticismo. Estas piezas no se exhibían al público, ni siquiera para unos pocos individuos en los espacios privados de los grandes palacios Mayas o Zapotecas. Eran conservados y manipulados por reyes y sacerdotes que de manera reservada los depositaban en ofrendas acompañando una súplica reverente a las deidades, el fasto por la inauguración de un templo tanto así como a dignatarios del mas alto rango en su viaje al más allá. En dichos contextos es que debemos considerar y entender a estos objetos, que hoy admiramos en las vitrinas de importantes museos pero alejados de su ámbito primordial: me refiero a las ofrendas e inhumaciones de las que muchos cientos de años después los arqueólogos recuperaron algunas de las elaboraciónes más significativas y veneradas por aquellas sociedades.             


Vasija "cacaotera" de Río Azul, Guatemala
©MUNAE


Las vasijas cacaoteras

Una muy bella e interesante pieza por el contexto del hallazgo y su significado para el estudio de las culturas antiguas es esta vasija de cerámica del periodo clásico hallada en Río Azul, Guatemala.  Esta ciudad maya se ubica en el ángulo nordeste del actual departamento del Petén, en una cuña selvática de las tierras bajas centrales que limita al norte con México y al este con Belize. La mayor ocupación del sitio se produjo durante el clásico temprano (250-600 d.c.) pero pudo estar habitado desde tiempos Olmecas. Río Azul fue, como Tikal, una ciudad que desarrolló un gran conocimiento de manejo hidráulico e irrigación por medio de canales. Se han registrado en el área más de 700 construcciones entre recintos y estructuras, lo que ratifica su importancia en la antigüedad. Paradójicamente la "fama" fue contraproducente para el sitio ya que a medida que se fueron descubriendo construcciones intactas bajo la selva se produjo una invasión de saqueadores (huaqueros dirían en Perú) que desde la actividad clandestina o bajo ribetes de investigación han expoliado descaradamente el sitio y fugando las piezas halladas al extranjero, siendo un botín muy apetecido por los coleccionistas. Otro lamentable suceso producto de la falta de vigilancia es que un turismo depredador ha hecho estragos en las estructuras reabriendo imprudentemente tumbas clausuradas por los arqueólogos, lo que motivó el deterioro de una parte significativa de los frescos de las bóvedas. Así y todo se pudieron rescatar importantes secretos ocultos en el sitio, como los de la tumba 19. En ella se encontraron intactos en el año 1986 varios vasos, platos, ollas con tapa, los restos de un cuerpo humano y una pieza conocida como "cacaotera", en cuyo interior se hallaron remanentes fosilizados de teobromina (un alcaloide del cacao). El recipiente lleva en su parte superior un asa para ser cargado y posee una muy singular tapa de rosca para preservar de manera eficiente el contenido. Es una pieza policroma perfectamente conservada en la que se utilizó el azul maya (yax) y el marrón anaranjado para el esmalte, y que fue decorada con manchas globulares y líneas negras en el diseño de los glifos, los que poseen la característica de estar grabados sobre círculos de estuco adheridos al contorno del cuerpo y de la tapa. La base de la vasija es redonda y esta se apoya sobre un soporte circular parecido a una gran "orejera" para que se mantenga firme. La palabra "Kakaw" o "Cacao" es, según los lingüistas, de origen mixe-zoqueano, lengua que hablaba el pueblo Olmeca e influyó en época muy temprana en el idioma maya de las tierras bajas. En la tapa encontramos inscripta una dedicación en antiguo maya chol: yuk'ib' ta witik kakaw ta koxom mul kakaw "...su bebedero para contener (...) fresca bebida de cacao".